No hace mucho que fue noticia en las portadas de medio mundo el espionaje de los servicios secretos de Norteamérica a conocidos líderes europeos y asiáticos. Los ciudadanos norteamericanos volvieron sus miradas hacia ellos mismos descubriendo (gracias a wikileak, todo sea dicho) que gran parte de sus correos, conversaciones de whatsapp y llamadas telefónicas eran leídas y escuchadas por terceros.

La pregunta no se hizo de esperar, ¿nos espiaban a nosotros nuestros propios servicios secretos?. Pero ¿realmente la situación era tan extrema o se estaba apoderando de la gente una especie de “conspiranoia”?

 

La LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos) y LSSICE al rescate

Quizá actualmente puede parecernos que estamos más expuestos que nunca al uso indebido de nuestros datos porque nosotros mismos nos encargamos de volcar nuestras vidas privadas en redes sociales, de dar datos personales por internet al efectuar compras on-line, de mandar e-mails y mensajes a través de “zonas wifi” que nos garantizan el coste cero del uso de internet, pero no así la confidencialidad.

Afortunadamente, existe en nuestro país una ley que vela por la protección de los datos de todos los usuarios de las diversas empresas que se asientan y operan en nuestro país (LOPD), así como para todas las empresas que tienen su actividad en internet (LSSICE).

 

La temida “letra pequeña”

Sin embargo, en general la gente tiende a ir bastante ligera a la hora de contratar distintos servicios. Por ejemplo, es normal que para cualquier aplicación que instalamos, para darnos de alta en redes sociales, para comprar un aparato conectado a internet; se tiende a hacer clic en la casilla “acepto los términos y condiciones” sin tan siquiera detenernos a leer en qué consisten. Porque por lo general ahí suelen indicar las excepciones a la protección de nuestros datos que pretende realizar la LOPD, y nosotros hemos dado a la empresa nuestro consentimiento para usar nuestros datos a su gusto.

 

¡Que no cunda el pánico!

¿Cómo podemos evitar el mal uso de nuestros datos? Simplemente, aplicando el sentido común. Si vamos a descargarnos la actualización de una aplicación, si nos registramos en una red social, si contratamos un “televisor inteligente”,… no pasará nada porque invirtamos 3 minutos más en el proceso de darnos de alta. Y antes de dar el definitivo clic al “acepto”, tal vez debamos leernos las condiciones que aprobamos porque luego no habrá excusas que valgan.

 

¿Me interesa? ¿Qué tengo que perder? ¿Y ganar?

Y sobretodo, sopesemos qué ocurriría si aceptamos lo que estamos leyendo, tanto para bien como para mal. Pongamos por ejemplo una aplicación telefónica que permite chatear y hacer llamadas de manera gratuita y “de cuyo nombre no quiero acordarme” (parafraseando al insigne escritor). Pensemos también en una famosa red social que permite subir fotos y conversar con las amistades. Si leemos sus condiciones de contrato, les estamos permitiendo que hagan libre uso de todo lo que subamos (¡todo!) por cierto plazo de tiempo (incluso años), aunque nos hayamos dado de baja del servicio. ¿Nos interesa? Claramente, a mucha gente sí, a juzgar por la aceptación social de dichas empresas, actualmente. Para mi, rotundamente no. ¿Consecuencia? No las uso ni me he registrado en ellas.

 

¿Tan dañino es el uso que puedan hacer? ¿tenemos el enemigo en casa?

Sinceramente, no lo creo. Actualmente toda información tiende a la exageración y el catastrofismo. Cierto es que no sobra cierta precaución (por ejemplo, leyéndonos los términos del contrato, no usando la tarjeta de crédito en páginas de escasa seguridad, etc) pero el proporcionar nuestros datos a distintas empresas con las que trabajamos también tiene sus ventajas. Por ejemplo, los actuales gps. Nuestro aparato suele memorizar nuestras búsquedas y así podemos disponer de ellas sin necesidad de invertir más tiempo. O nuestros portátiles, con localizadores que han permitido a la policía dar con ellos. O detener a aquellos acosadores que han usado el anonimato de las redes sociales o de sus teléfonos pero cuyos datos da contrato los han identificado.